lunes, 19 de agosto de 2013
PALIMPSESTO
lunes, 1 de marzo de 2010
ANTONIO MAIRENA, CIEN AÑOS
Antonio Cruz García, Antonio Mairena, nació el 7 de septiembre de 1909 en Mairena del Alcor. Era hijo de Rafael Cruz Vargas y de Aurora García Heredia. Rafael era herrero, y Antonio tuvo que ayudarlo en la herrería desde muy joven. Sólo acudió tres años al colegio, por lo que tuvo que luchar mucho para aumentar su formación con el paso del tiempo.
Antonio crece con el Flamenco en las venas, ya fuera escuchando a aficionados en la herrería o asistiendo a algunas fiestas con su padre donde escucha a Manuel Torre, El Niño Gloria o Joaquín el de la Paula.
Aunque había actuado en el entorno familiar, podemos decir que su primera aparición pública fue en Alcalá de Guadaíra, en 1924, en un concurso que presidió Joaquín el de la Paula, y en el que ganó el Primer Premio, contando sólo con catorce años de edad. Resulta curioso que su primer premio lo obtuviera en Alcalá, ya que desde mi punto de vista son los cantes de Alcalá los que conforman la columna vertebral de sus cantes por Soleá.
Poco después Antonio se traslada a Arahal, donde trabaja en la taberna de un familiar. Tras la muerte de su madre y el segundo matrimonio de su padre se marcha a vivir a Carmona. Poco a poco Mairena se va adentrando en los ambientes flamencos de Sevilla, y es en la Alameda de Hércules donde comienza a ser reconocido. Pero Antonio Mairena acostumbra a recordar como el primer lugar de sus grandes éxitos la esquina entre la Calle Sierpes y la Plaza de San Francisco, donde por primera vez accede a un balcón para cantar saetas en la Semana Santa de la Sevilla de 1933. Se preparó más de cien letras de saetas, y a lo largo de esa semana el público empezó a rendirse a ese joven volcán que irrumpía en el Flamenco. Ese mismo año conoció a Carmen Amaya, que inmediatamente lo contrató. Con ella graba los cantes de la película “María de la O”. En 1936 conoce a Melchor de Marchena, con el que comenzó a trabajar de manera asidua.
Tras la Guerra Civil, se instala en Carmona, donde alterna varios trabajos con sus actuaciones. En 1941 graba sus cuatro primeros discos y poco a poco termina por introducirse en diferentes espectáculos y cuadros flamencos. Con su trabajo se va ganando el respeto y la admiración de todos. Poco después surge la primera gira internacional.
Después está durante una década cantando para Antonio el bailaor, consiguiendo gran éxito.
Poco a poco el Flamenco empieza a vivir un momento de auge y surgen Peñas, la cátedra de flamencología de Jerez , los concursos nacionales de Córdoba y los primeros Festivales, y Antonio prefiere quedarse en Sevilla, en vez de marcharse a Madrid.

El 19 y 20 de mayo de 1962 compiten en Córdoba por la “Llave de oro” del cante: Antonio Núñez “Chocolate”, Fosforito, Juanito Varea, Platero de Alcalá, Pericón y Antonio Mairena. Un jurado compuesto entre otros por Juan Talega, Ricardo Molina, González Climent o Aurelio Sellés le otorgó la Llave de oro del cante al maestro de Mairena. Este premio consagró definitivamente a Antonio como un maestro del cante.
Antonio Mairena tiene mucha fe en las iniciativas populares que empiezan a surgir para dignificar el cante, en torno a las Peñas y a la cátedra de Flamencología y a los primeros festivales que van surgiendo como son el “el potaje” en Utrera o “el gazpacho” en Morón de la Frontera, y que después llegarían a otras localidades como Lebrija, Mairena, Alcalá, la Puebla de Cazalla, etc.
También a la par que sus actuaciones y grabaciones desarrolla una importante labor investigadora y difusora del Flamenco. La gran relación que siempre tuvo con los gitanos de las localidades vecinas, le llevó a conocer y profundizar en los cantes y, sin duda ninguna, su amistad con Juan Talega, le hace ir directamente a la Tradición oral más antigua para recrear cantes casi desaparecidos como la liviana, la toná liviana, algunas tonás o los cantes del Nitri, Juanelo, Loco Mateo, etc. En este punto quisiera hacer un inciso que me parece básico, desde mi punto de vista la tradición oral siempre es un arma de doble filo cuando se trata de afirmar que un cante es exactamente de una determinada manera. En realidad el paso del cante de un cantaor a otro cantaor hace que ya no sea exactamente igual, ya que no hay dos cantaores exactamente iguales, por eso a mí me gusta hablar de recreación de esos cantes. Algunos se atreven a decir que él los mejoró, los “limpió”, una autentica barbaridad si nunca se ha escuchado el original.
Fruto de su colaboración con el poeta Ricardo Molina, surge el libro “Mundo y Formas del cante Flamenco”, donde expresan su visión acerca del origen y la evolución del cante, a la par que intenta elevar a la categoría de verdad absoluta la supremacía de los cantaores gitanos. Lo más importante, a mi juicio, del libro, es la clasificación de los cantes, lo que sería el árbol genealógico del cante. En 1976, la Universidad de Sevilla publica el libro “Las confesiones de Antonio Mairena”, donde el maestro cuenta sus recuerdos flamencos, su experiencia y su vida como cantaor.
Antonio Mairena consiguió que el Flamenco saliera de las catacumbas y llegara a la Universidad, llegando a ser nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad de Córdoba. Influyó decisivamente al conocimiento, auge y respeto al mundo del Flamenco, eso es innegable.
Recibe innumerables reconocimientos y homenajes, y es el primer cantaor que recibe la Medalla de oro de las Bellas Artes.
Al calor de Mairena, surge el Mairenismo, una corriente de pensamiento flamenco que se erige en defensora de la pureza y la tradición, y que tiene como guardianes de esa pureza a los cantaores gitanos –supongo que ahí no entrará Manolo Caracol-, y como credo esencial a la “razón incorporea” –las razones rituales de los gitanos- y que ha sido durante muchos años, una corriente casi de pensamiento único, que denostó y degradó a grandísimos cantaores, algunos de ellos gitanos, por cierto.
En la actualidad, ese tipo de pensamiento flamenco ha sido profundamente revisado. Una vez más el tiempo se encarga de ir poniendo las cosas en su sitio.
Pues bien, desde mi punto de vista, todo aquel que en el arte se dedica a restar y dividir, se equivoca; todo aquel que piense que el arte, cualquier arte, es inmutable a lo largo del tiempo, se equivoca; todo aquel que cree que sólo hay una determinada forma de interpretar, se equivoca; todo aquel que crea que el arte no evoluciona, se equivoca; y por último todo aquel que cree que puede haber evolución sin el conocimiento de la tradición también se equivoca; sin embargo, como decía Chaplin: “no quiero renunciar a la libertad deliciosa de equivocarme”.
Antonio Mairena nos dejó una obra sonora extraordinaria y nos aportó un legado, un regalo flamenco que debemos aceptar y cuidar independientemente de lo que pensemos de sus teorías. Fue un gran cantaor sin el cual la historia del Flamenco no sería la misma.
Y por último, y pensando en el Flamenco y en todos los órdenes de la vida, hago míos unos versos que el maestro Mairena cantaba por tonás:
¡Qué grande, qué grande, qué grande
es la libertad!
sábado, 29 de septiembre de 2007
LA LLAVE DE ORO DEL CANTE
Manuel Vallejo, Segunda Llave de Oro
Muerto Manuel Vallejo en 1960, los organizadores del Concurso de Córdoba, que se había organizado por primera vez en 1956 y que había ganado Fosforito, deciden poner en litigio la Llave de oro en el Concurso de 1962. El trofeo se lo disputaban Fosforito, Chocolate, Juan Varea, Platero de Alcalá y Antonio Mairena, que ganó por unanimidad.
Antonio Mairena, Tercera Llave de Oro
Esta Tercera Llave también ha sido contestada y la figura y teorías flamencas de Antonio Mairena y la corriente que lo siguió, el mairenismo, han sido revisadas y fuertemente contestadas por amplios sectores del Flamenco en los últimos años. Del Concurso de Córdoba de 1962 se ha dicho, entre otras cosas, que estaba amañado para darle categoría y marchamo de veracidad absoluta a las teorías flamencas de Mairena y Ricardo Molina, por cierto, uno de los jurados de dicho concurso.La cuestión es que en esas estábamos cuando entra en escena la Junta de Andalucía, que registra el histórico galardón denonimado “La Llave de oro” en 1984.Mientras en dos siglos el mundo del Flamenco otorgó tres Llaves de oro, la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía ha concedido dos en cinco años. Además el primero que concedió, en el año 2000, lo hizo a un cantaor desgraciadamente fallecido, el mítico José Monge Cruz, Camarón de la Isla, generando así una inmensa lluvia de críticas.
Camarón de la Isla, Cuarta Llave de Oro
Fosforito, Quinta Llave de Oro No seré yo, un casi analfabeto flamenco, quien ponga ningún reparo desde estas páginas a los cantaores, todos geniales, que han recibido la Llave de oro del Cante. Quizás sólo me gustaría hacer algunas preguntas o reflexiones en voz alta.¿Quién debe otorgar la Llave de oro del Cante, si es que se debe entregar un premio como ese? ¿Se debe continuar otorgando un galardón que sólo ha generado polémica dentro de la orbe Flamenca? ¿No sería mejor sustituirlo por otro donde se reconozcan los méritos de determinados, poquitos, muy poquitos, cantaores? ¿Se debe dar ese premio a un cantaor fallecido? Si es así, todos convendrán conmigo que Pastora Pavón, su hermano Tomás, Caracol, Chacón, etc. son merecedores de la distinción.Y para finalizar, si se ha optado por seguir entregando La Llave de oro, ¿no sería mejor dotar de claridad y contenido el galardón con unos principios nítidos y unas reglas claras que no den lugar a hechos como los ocurridos con la Llave otorgada a Camarón o acaso se debe estar al arbitrio del gobierno de turno?
